miércoles, 16 de mayo de 2012
Madre
Uno de los pilares de la vida es lo que la madre hace de la humanidad. Es lo más sagrado que hay en la vida y más allá de la vida: con ella conocemos el beso de Dios porque la esencia misma de una madre, es el amor más alto y sublime que existe. Ella es la que moldea lo más hermoso de nosotros mismos y de muchas maneras, es ella la que brinda nuestra capacidad de amar.
No es fortuito que en la antigüedad hubiera una divinidad llamada Mitra a quien le atribuían el cuidado de los guerreros. Palabra clave de la que emanan las de mater, y matrix, que difieren de la mera procreadora. Por ello se dice que es de ella de quien emanan los principios rectores de la cultura, es la formadora del alma. De hecho, es la columna vertebral del hogar, es ella quien congrega a la familia, por eso su papel social es fundamental; es mujer, y por lo tanto, es una verdadera maravilla del universo todo.
Como proceso, una madre también se forma. Y no es exagerado afirmar que con el tiempo una Mamá llega a la santidad. Su mirada, su quietud y su forma de ofrecernos el pan y su cariño, finalmente, nos hace volver a la infancia y a la ternura más amplia. Es un deber reconocer, cuidar y respetar siempre a una madre, a una esposa, a una novia con quien acariciamos esa potencialidad sagrada.
Festejemos con amor a nuestras madres porque al hacerlo, dignificamos con ese homenaje al Espíritu mismo, a su noble, incansable y muy importante trabajo. Agradezcamos su existencia y su Ser, siempre presentes, porque aún ausente están presentes, siempre lo estarán. Rindámosles como un tributo a ellas nuestro amor, y dediquémosles nuestras mejores obras porque siempre son uno de los motivos más altos y más fuertes para transformarlo todo.
Que sus bendiciones nunca nos falten.
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