jueves, 27 de mayo de 2010

CONTRASTES

Los cíclopes no tratan en juntas ni saben de normas de justicia;
las cumbres habitan de excelsas montañas,
de sus cuevas haciendo mansión;
cada cual da ley a su esposa y sus hijos sin más y no piensa en los otros.

Homero.


No es lo mismo “política” que “administración”. La política no es sólo un asunto de administrar recursos (públicos) sino la dirección de ellos mismos. México, instalado en un cúmulo de constantes contradicciones y paradojas, hoy se presenta como una manifestación de apariencias (¿o de engaños?) que hacen no coincidir lo que se dice con lo que se vive en medio de espectros en los discursos.

La macroeconomía ha dejado de ser un dato real frente al desempleo alarmante en prácticamente, todo el país. Los niveles que ha adquirido el subempleo, retan prácticamente cualquier discurso oficial dejando muy a tras las promesas de nuestros “políticos” en sus tiempos de campaña. Los ejes de la economía informal acrecentan las arcas de los grandes comerciantes y el reparto de la renta entre las mayorías, es –hoy por hoy- una bomba de tiempo si se combina ésta, con los niveles de la paupérrima educación también accesible de esas mayorías.

Hemos comenzado a expandir formas de “ganancia” en el comercio informal que no excluyen a las nuevas generaciones de jóvenes profesionistas que no encuentran salida ni legítima ni legal, en el mercado de trabajo acorde, tanto a su formación, como a las exigencias mismas de México. Un pueblo que sin duda tiene talento se nos va de las manos: y se diluye en el tiempo (esa esperanza y esa mina que es la juventud) como una utopía en el viento.

El planeta dividido con sus fronteras hace que no sea lo mismo trabajar en Estados Unidos que en nuestro país. “Las fronteras”. Fronteras no sólo geopolíticas, sino fronteras desconcertantes en la medida que hacen de tal diferencia: abismos impresionantes bajo el “mismo” cielo y la “misma” tierra. La riqueza del país en verdad que no sólo está en sus recursos naturales, sino en sus hombres, en el alcance de la cultura de un pueblo.

Pero los burocratismos inmovilizadores y las cofradías selectivas, abren las puertas a la incapacidad de hacer “mejor” a nuestra sociedad que ha tolerado todo esto también, de una manera casi piadosa (y no fortuitamente, habría que revisar la historia política e institucional de México); mafias y élites que siendo casi dueñas de lo que hay, también quisieran ser dueñas de nuestras vidas, de nuestro destino, de nuestra voluntad y hasta de nuestras mujeres.

Incapaces de gobernar se conforman con administrar; incapaces de la política, los hombres en puestos principales, se dedican a acumular lo que pueden sin saber del peso de la historia. Y vemos arrastrarse incluso a “los mejores” por unas monedas, faltos de dignidad y de hombría al no tener vida propia.

Sectarismos, pandillas, bandas y hordas que hunden al país en lo que vemos, por ejemplo, en lo que toca a la “selección mexicana” en Sudáfrica. Podemos no ser los mejores en uno, o en dos, tal vez en tres aspectos deportivos, ¿pero será posible que en todos estemos perdidos y sólo podamos ser “campeones paralímpicos”?

¿Qué sucede? La expresión y la fuerza de la juventud sin el aliento del espíritu sólo será “violencia”. Es una obligación que lo sepan los individuos (hombres y mujeres, sin entrar en el detalle simplista de dividir a los chiquillos de las chiquillas), los hombres de Estado que teniendo su curul o estando en el sillón de gobierno, sepan que tienen obligaciones ante el tiempo histórico que guarda México.

Un sistema político y un sistema de gobierno ineficaz seguirán dejando ir a los mejores de nuestro país a otros lugares del mundo. La idea del centralismo republicano parece que no dejó huellas entre nosotros al seguir reproduciendo sus esquemas como en una inercia irracional en este tiempo; el federalismo y la construcción de una República en estos tiempos globales, deben medir el peso real de las autonomías políticas y de las soberanías jurídico-económicas de las entidades de todo el país.

México, nuestro país en donde el talento es un producto más a exportar, guarda de veras contrastes inquietantes que exigen respuestas urgentes, importantes. Basta de esos equívocos siniestros que pagamos todos.

martes, 11 de mayo de 2010

Carta a los jóvenes de México

La esencia de una sociedad es su juventud. Ser joven es ser esencial.

Y es que el centro de lo esencial, está en el entusiasmo, en la fortaleza con la que se hacen las cosas. Hacer las cosas con el pensamiento es la madurez de la juventud. Sin el pensamiento, la acción es peligrosa, sin la acción el pensamiento es estéril.

Hay que saber combinar para encontrar, para propiciar equilibrios: la vida demanda equilibrios en son de una vida para la equidad. Equidad como vocación para madurar ante una sociedad que nos exige sensatez.

Sabemos que los jóvenes están sedientos de justicia, y que esa sed, propia del ser joven, es la dinámica que guarda la impaciencia de ser adultos. Pero la injusticia no tiene ninguna justificación ni aquí ni en ningún lugar.

Velocidades asimétricas son las que vivimos todos los días los jóvenes. Jóvenes que protestan y que viven la protesta como parte de la historia de su individualidad en la colectividad.

Colectividad que en más de las veces, no logra ser conectividad. Colectividad social que coarta la esperanza del ser joven. Hay que buscar remedios.

La impaciencia se agota. Y luego llega la decepción y entonces aparece la apatía del atardecer del entusiasmo que deja de ser ingenuo. Por ello exigimos renovar los entusiasmos en medio de la contingencia de la vida cotidiana o no, para combatir la apatía y la indiferencia.

Hay que combatir esa pobreza de espíritu. Los jóvenes deben de encabezar lo más loable de la sociedad, pues en ellos, están los gérmenes de lo que se va a hacer. Depositémosles nuestra confianza a quienes tendrán resonancias en el tiempo. Será su tiempo, y jamás dejará eso de significar que no sea también nuestra responsabilidad en el suyo.

Dignifiquemos la palabra en el alcance de quienes requieren de espacios para la historia y para el porvenir, ahora, en este presente para el presente.

No claudiquemos en el esfuerzo que México realiza con la pulcritud de sus jóvenes.

Hoy estamos aquí reunidos para “encontrarnos” en el espacio de lo político de cara al futuro público que nos proyecta ser, como debemos ser.

El “deber” de todo lo que nos posibilita ser como sociedad, emana de nuestra historia: historia es porvenir, es carácter.

Mi exhorto para recoger en la memoria, la identidad que requerimos para hacer mejor las cosas. Memoria política, para comprender y observar al derecho como elemento vertebral de lo que somos todos, corresponsables y co-participes.

Las medidas de la tesitura social lo demandan así: hay que estar a la altura de las circunstancias como ya lo apuntaba Ortega y Gasset hace un siglo, en ese prodigioso texto que tituló: “la misión de la Universidad”.

Y es que los jóvenes no caben en la universalidad de la palabra política: requieren de un espacio propio como marco conceptual para su individualidad.

Individualidad como diferencia, diferencia para la unidad; partes que son contrarios, pares que no deben ser opuestos. Iguales para la igualdad y no para uniformidad.

Llamamos a los jóvenes a dar pasos cualitativos con el talento que poseen. El alma de la forma joven, abre las puertas a lo más maravilloso de la existencia.