martes, 17 de agosto de 2010

Los problemas esenciales en comunicación

“Nosotros nos parapetamos detrás de nuestro rostro;
al loco le traiciona el suyo. El se ofrece, se denuncia a los demás.
Habiendo perdido su máscara, publica su angustia,
se la impone al primero que llega, exhibe sus enigmas.
Tanta indiscreción irrita. Es normal que se le espose y se le aísle.”

Cioran. E.M.
(Silogismos de amargura El barco de papel. Barcelona, 1986. p. 44.)



El siglo XXI está caracterizado por ser parte del proceso de globalización, del cual, a escala planetaria, nadie puede estar exento. Globalidad y mundialidad, deben de ser elementos para la complejidad de nuestro tiempo, sobre todo, para la comunicación como elementos clave de la humanidad, más allá de cualquier formulación teórica que involucre a estos conceptos y fenómenos, en discursos vacíos como estériles.

La comunicación se ha vuelto la interlocución estratégica. El mundo de los mensajes y de los símbolos, se ha transformado en una complejidad diversa, plural y heterogénea, problematizando así al anacrónico sistema del pensamiento de “los universales” dentro de una esfera, por supuesto, babélica.

Así, “el mundo” se nos presenta como un conjunto de redes de comunicación, de interacciones, de diálogos y de construcción de encuentros o desencuentros de vario linaje. Esto, como principio, es comunicación y tiempo, es decir, historia, legado, memoria y proyección. Proyección comunicacional de la decadencia política y del asequible silencio de nuestros jóvenes.

El mundo es también la generación de condiciones ante los contextos que hacen ver al presente como contingencia: es invención ante las exigencias de nuevos códigos políticos, es, en la comunicación real, artimaña y sortilegio para la recreación subjetiva de la palabra que encarna a la voz que dice, o que quiere decir.

La comunicación es el puente que une al “mundo”, es lo que lo hace unísono, es lo que lo hace vigilia ante los sueños de cada quien; es espíritu.

Como “relación” e interacción, hace posible soberanía e intersoberanías: es un espacio uni, y pluri dimensional, institucional, interinstitucional. Es un espacio concéntrico donde se aglutina como encuentro, el choque, la diferencia, lo público y por tanto, donde se concentra la violencia transformada en el espíritu mismo de la palabra. La la palabra o el verbo, es civilización.

De alguna manera comunicar es medir; es dimensionar, dar medida.
Humanamente comunicar es comunicarnos, es plural el hacer común, es decir, el llevar a la acción.

Y es que desde la antigüedad la comunicación no es la pura técnica. Es esencialmente metafísica al ser a la vez, la comunicación, una situación vital que propone escenarios, circunstancias y condiciones políticas; comunicación que implica “crisis”, es decir, ruptura. Con la comunicación se construye el conocimiento, aunque éste no posea certeza.

Con la intensión de la comunicación se construye la verdad, no con la epistemología o figura lógica alguna en política o en ética. Comunicación es posibilidad de verdad porque es alétheia como acción.

Sin embargo hoy la comunicación, ha pasado a ser meramente un instrumento ante la soledad, o ante la insaciabilidad del hedonismo que no desea, sino que simplemente se deleita en las dinámicas anónimas como mercantiles del mero momento.

La comunicación se fundió y confundió puerilmente, más como “una técnica”, que como “un principio” o postulado de “la realidad”. Y así, el a priori kantiano, quedó relegado para la mera representación de lo que se quiere, y no de lo que se debe. Esto tuvo y tiene efectos en los totalitarismos que nada contribuyen, ni en la posible igualdad entre los hombres, ni en la libertad tan anhelada en cualquier civilización, esto, en son del pragmatismo imperante que también, ha dejado miope a los disfuncionales humanismos.

Hablar de la comunicación es hablar de la conciencia, de la cultura, y por tanto, de las formulaciones con las que se construyen sus alcances en las metáforas con las que se llena el sentido de “realidad”. Si falla la palabra, tiembla lo real.

Y es que ha fallado algo en la construcción de nuestra realidad casi innombrable: y las tareas que se gestan en la Universidad, tienen responsabilidad directa en esto. La política se ha quedado sin palabras, y por tanto sin contenido ante una escenografía por cierto asquerosa-y-sin público.

Lo siniestro de la raíz de esto, da cuentas en “el principio” el Antiguo Testamento. Ahora las redes satelitales y de información en la simultaneidad, problematizan al tiempo mismo. La comunicación se volvió una paradoja insoluble, pues, al ser acción, también se volvió especulación o reflejo de un espejo impotente, e incapaz de formas en medio de máscaras para no reconocernos. La comunicación no representa dirección ni encuentro ni reconocimiento y ni siquiera presente o memoria. Comunicación económica que encierra lo falaz del terror en el mundo, ocultando y presentando la existencia que más conviene.

Las “eras” que nos envuelven a través de las mutaciones conceptuales de los símbolos, son las que designan “lo que viene”. Y esos sentidos de la expresión, son la estética del porvenir, productos de un proceso que hay que descifrar: esto abrirá las pistas suficientes para revelar cómo, y con qué elementos, se está ideando la neo-narrativa en el lenguaje, en la palabra, y por tanto, en el laberinto dónde nos encontramos.

1 comentario:

  1. Buenas Noches Profesor.
    Lo felicito por su reflexión, realmente creó que los avances en las tecnologías de la comunicación han sido un elemento importante para el progreso de la humanidad, desafortunadamente estas formas comunicativas han afectado la esencia de la misma comunicación al crear una sociedad homogeneizada, consumista de dichas tecnologías, que han dejado de lado el interactuar cara a cara para sólo hacerlo a través de la misma tecnología creando una sociedad aislada.

    Le mando un cordial saludo.
    Karina Ortega

    ResponderEliminar