miércoles, 25 de abril de 2012
ENCONTRARNOS
Es siempre importante “encontrarnos”. Encontrarnos es re-encontrarnos, conocernos, reconocernos, redefinirnos, pues en el reconocimiento está siempre el respeto debido que nos exige ser civiles, tanto en política, como en cualquier principio social, civil; respeto que garantiza tolerancia para todo disenso, que es necesario en todo nivel: sin respeto no pueda haber derecho ni convivencia, sin respeto no puede haber libertad ni igualdad. El derecho es la cohesión de una Nación, es el rumbo histórico que puede ofrecer una unidad clave para avanzar ante cualquier contingencia.
La realidad se compone de múltiples enfoques y diversos intereses. Pero también, hay que saber, que todos en el fondo queremos lo mismo: el bien de todos, nadie lucha por lo que no quiere. Esa identidad en la diversidad y esa pluralidad en esa unidad llevada a la práctica es la grandeza de este momento. Momento que debe cohesionar la fuerza de todos para que seamos capaces todos, de hacer conjuntamente, co-responsablemente, lo que a cada quien corresponde.
En medio de este abanico de posibilidades que se presentan en cada una de las propuestas políticas, es la cohesión la que debemos construir con la identidad que nos ofrece el orden constitucional; es la unidad nacional, del interés público, lo que tenemos que ofertar en los mejores ideales con los que construimos este instante histórico que ha generado una patria hoy desequilibrada por la imperancia de una desigualdad atroz fundada en desordenes políticos estériles, como su fueran ecos de una economía de mercado que resalta la ausencia de una economía política.
Ordenémonos para el porvenir. Se trata de nuestra casa, de nuestro país. Ordenar es definir. Definamos agendas transversales incluyentes, fuera de los dogmas, así lo solicita la democracia: no son tiempos ni de unilateralismos ni de mandatos verticales. No nos escudemos en las mayorías cuando la razón no es la adecuada.
La historia no tiene por qué seguir siendo la pura apariencia mediática de la inmediatez, la historia también puede ser la enseñanza de que la concordia es una llave maestra en la empatía posible, aún en el disenso: que el disenso sea también otro vector que nos de esa fuerza para lo que viene.
Hagamos lo necesario, lo indispensable, lo principal para no perdernos en lo fugaz y lo pusilánime. Con la concordia en el lenguaje se pueden construir puentes insospechados aún en el conflicto; con la cohesión para la acción se puede constituir lo importante para todos, aún en la diferencia, con proyectos distintos pero con fines comunes, para recrear una realidad diferente, posible, conciliando intereses, conociéndonos, reconociéndonos, aceptándonos, formando caminos juntos que hay que recorrer unidos.
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¿A qué se deberá el hecho de saber que debemos encontrarnos y generar la situaciones propicias para no hacerlo?
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